por José Luis Fernández Corro » 21-12-08 11:16
Ayer fue un día glorioso para mi, porque el concepto que tengo yo de la Gloria es todo aquello que está relacionado con la música, no en vano, ésta está presente en todas las celebraciones litúrgicas. Asistí al maravilloso concierto que el Coro de Voces Graves de Madrid, conducido por la mano maestra de Juan Pablo de Juan, ofrecio en la Iglesia de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro. Por un momento, creo que llegué a tocar el cielo con la punta de los dedos, la conjunción de voces, el misticismo, la inmensa fuerza que pusieron en su interpretación, hizo que el público los ovacionase como se merecen los grandes y es que ellos, ayer, fueron muy grandes.
Yo lo vi desde el banquillo, como epectador, ya que pertenezco hace poco tiempo a esta Agrupación Coral y estoy en fase de rodaje, sin embargo, puedo asegurar que sentí envidia sana, muy sana, pero mucha envidia. Lo que yo hubiera dado por estar cantando con ellos, por compartir la gloria, por compartir los aplausos, de que fueron objeto, tras su muy brillante actuación. Espero no tener que verlos mucho tiempo como espectador, aunque mi sensación auditiva dentro de la cuerda, no sea plena.
Tuve la dicha de escuchar composiciones de autores como Josep Vila i Casañas, Franz Biebl, Janacek, etc., así como la impresionante polifonía ortodoxa, sin embargo hay algo con lo que disfruté mucho y es cuando oí el O Mágnum Mysterium de Javi Busto, para mí Javi, ya que la otra Coral a la que pertenezco, la Sagrada Familia, tiene en su repertorio varias obras suyas, a cual más bella, Esta Tierra, Ave María y un Ave Verum del que estoy profundamente enamorado, porque también se puede enamorar uno de algo inmaterial y, sin embargo, tan bello.
Si observamos la diferencia, desde el punto de vista cronológico, que existe entre T.L. de Victoria, J.J. Arcadelt y Javi Busto, podemos ver que es muy grande, sin embargo, la obra de Javi, sin la solemnidad propia que caracteriza a las obras de otro tiempo, tiene una profundidad, una belleza, un recogimiento, que pienso le han colocado, con mucha razón, entre los primeros compositores de música coral y digo entre los primeros porque en esta pléyade de genios, los hay muy buenos, me estoy acordando en este momento de Albert Alcaraz, otro mónstruo de la composicion coral del que cantamos su Benedictus Dóminus. Uno se ve abrumado ante tanta calidad musical.
Para terminar quiero dirigirme a los creyentes, a los no creyentes, a los agnósticos, que más da, lo cierto es que después de escuchar voces como éstas, en composiciones tan sobrecogedoras, no tienes más remedio que aceptar que algo hay en las alturas.
GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD.
¡¡¡ FELIZ NAVIDAD !!!
José Luis Fdez.